¿Qué es ser feliz? La ONU recomienda a todos los países medir la felicidad en sus comunidades. Pistas para entender de qué se trata eso que tanto anhelamos.


Esta semana fue el día internacional de la felicidad. Desde hace un tiempo se celebra en todo el mundo esta fecha, y la Asamblea de la ONU ha recomendado a todos los países tener una medida clara de la felicidad de sus comunidades.

Los estudios realizados en el mundo parecen apuntar a que existen dos ciclos facilitadores de la felicidad: la infancia y la vejez. En forma de U, seríamos más felices cuando somos pequeños y luego del difícil período productivo y de mayores responsabilidades que es la juventud y la adultez temprana, en la adultez tardía, cuando dedicamos más tiempo a nosotros mismos.
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La Universidad de Palermo ha intentado, en nuestro país, darnos a conocer cómo se manifiesta este fenómeno. Preguntadas las personas al respecto, reportan tener una vida feliz un 84% (año 2015), pero en aspectos más asociados a las amistades y la familia. Cuando se comienza a indagar en el tema de sus vidas laborales/económicas, la sombra parece cernirse. Parecería que hubiera “áreas” más felices que otras.
La pregunta es obvia: ¿qué se entiende por felicidad? ¿Puede ocurrir que haya una discrepancia grande en relación a lo que es ser feliz, y de ahí los resultados diferentes en los estudios?
Esto intentaremos responder.
Pistas sobre qué es ser feliz
Iremos en el camino inverso: primero reflexionaremos sobre algunos aspectos de la felicidad y luego daremos una definición abarcadora.
Por un lado, tenemos que diferenciar felicidad de disfrute, placer o hedonismo. Estas últimas experiencias corresponden a momentos donde ciertas situaciones agradables nos generan un sentido de bienestar, de satisfacción, que quizás podríamos ubicar en un espacio más psicológico, de acceso inmediato. El contacto con un bello paisaje, el beber un rico vino o acariciar nuestra mascota serían experiencias de ese tipo.
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Pero la felicidad no es sólo disfrute. Situaciones de dolor o desagradables pueden ser vividas al amparo de una actitud de aceptación y comprensión profundas. Por lo tanto, el que las experiencias sean agradables o desagradables no define a la felicidad.
Sonja Lyubomirky habla de que tres factores forman parte de la experiencia de felicidad: la alegría, la satisfacción y el bienestar. Pero no es necesario estar totalmente sano ni alegre o satisfecho para ser feliz. He conocido personas que atraviesan enfermedades crónicas y, a pesar de sus duros tratamientos, son felices.
Cacciopo, un investigador de Chicago, EEUU, dice que el aislamiento produce mucho sufrimiento y es lo más lejano a la felicidad. Por lo tanto, la proximidad socioafectiva, la reciprocidad de los vínculos, sí están más cerca de hacernos bien, muy bien, e incluso de mejorar nuestra mente y prolongar nuestra vida.
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Por último, el llamado “the grant study”, una investigación de 75 años en Boston que incluyó variables asociadas al bienestar en dos grupos poblacionales, estudiantes de Harvard y personas de barrios populares de esta ciudad, también dejó en claro que los vínculos sociales, “el amor” (tal cual revelan los autores), parece ser la variable más influyente en cuanto a ser felices.
Y ahora entonces vayamos al punto, a definir qué es ser feliz. La etimología parece ser felicitas , en latín, que quiere decir fértil. Y esta palabra nos habla de “florecimiento”, “nacimiento”, “abundancia”.
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Creo que la felicidad tiene que ver con eso: con el nacimiento de una actitud de conexión, de profundo nexo con el mundo, una comprensión implícita y una aceptación de la trama de la vida, de la dinámica de nuestra existencia. Ser feliz significa entender de qué va el estar vivo: del sufrimiento, las pérdidas, las enfermedades y nuestra propia finitud también. Entonces, hay una mirada sabia en lo que percibimos.
Ser feliz sería, siguiendo la concepción budista, estar despierto, descubrir los venenos de nuestra mente, los condicionamientos y también los recursos, las posibilidades. Ser feliz significa abrazar nuestra vulnerable condición de seres humanos con alegría. Y eso se construye. Puede ocurrir que haya quienes tienen una natural disposición a desarrollarla y otros deban trabajar mucho para sobreponerse a adversidades (biológicas, ambientales o personales) y conquistarla.
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En cualquier caso, lo que nos ayuda es el cultivar nuestra espiritualidad, desarrollar nuestra dimensión amorosa, compasiva y altruista e incluir a todos los seres humanos en la órbita de nuestro sentido de fraternidad.
Ser feliz es simple, pero requiere mucho trabajo. No llega de golpe, sino que se talla, se da forma con paciencia, se construye. Lo bueno es que se puede comenzar en cualquier momento y, una vez en el camino, no se vuelve atrás.
















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