Tiempos modernos: ¿Porque te quiero, te stalkeo?

Tu pareja salió a comer y vos no podés concentrarte en mirar una serie ni disfrutar tu tiempo a solas porque lo único que hacés es estar con la cara pegada al smartphone analizando sus redes sociales como si se tratara de un asunto de vida o muerte.

Entrás al Facebook y revisás las conversaciones y los likes del último mes, armás porcentajes de la cantidad de veces que tal persona le comentó una foto, controlás todo lo que publicó en Twitter y el horario de la última vez que miró el WhatsApp.
“Los tiempos de la virtualidad son un nuevo escenario en el que este antiguo drama del amor se amplifica y produce nuevas conductas de control hacia otro”, dice la licenciada Adriana Martínez, de Fundación Tiempo. “Los celos son siempre desventajosos para el vínculo de pareja. La ponen a prueba permanentemente y, por ende, la desgastan”.
¿Te suena conocido? En el universo 2.0 casi nadie se salva de ser googleado o stalkeado alguna vez. El problema se da cuando en un vínculo de pareja uno de los dos se obsesiona al punto de pedir explicaciones de cada cosa que el otro haga en sus redes sociales o incluso de lo que sus amigos y amigas comenten en los posteos.
Los stalkers buscan con desesperación evidencias que los lleven a corroborar sus sospechas de infidelidad o algún tipo de traición. No es algo nuevo, el amor posesivo lleva siglos en nuestra historia cultural y los celos se adaptan a la época. Si antes muchos hombres y mujeres contrataban detectives privados para perseguir a sus parejas, ahora basta con sentarse frente a una computadora y adentrarse en la vida virtual.
Se sabe que el que busca, encuentra, y más aún cuando lo que se busca es un comentario sugerente o una conversación seductora en un chat. “Como en todos los terrenos de una pareja, se puedan hacer acuerdos”, plantea Martínez. “En lo virtual también hace falta hacer pactos, poner reglas, ceder cierto terreno, tal como uno lo haría en cualquier otro ámbito compartido. Hacerse preguntas tales como: ¿toleraría que su pareja seduzca a un tercero en una fiesta, a la vista suya y la de todos?, o bien, ¿irrumpiría en el trabajo de su pareja para hacer una escena de celos? Así se le otorga su verdadero carácter real a lo virtual y posibilita empezar a pensar las consecuencias y los costos que la vida en las redes tiene para la pareja”.
STALKING TAPA 765 RUMBOS ADICTOS A ESPIAR
En el siglo XXI ya no es necesario poner el cuerpo para una infidelidad. El coqueteo y el sexo virtual están al alcance de cualquiera que tenga un smartphone o una computadora a mano y son una de las grandes causas de discusiones, escenas de celos y separaciones de las parejas modernas. Las citas a escondidas, los encuentros fugaces en hoteles y el temor a ser descubiertos in fraganti, fueron suplantados por chats, sesiones de Skype y videos hot.
La fiebre del control
“Mi ex se volvía loco cada vez que alguien me comentaba una foto o me daba un like”, cuenta María, de 31 años. “Para él cualquier interacción virtual que tuviera con un hombre tenía fines sexuales: o ellos me querían llevar a la cama o yo buscaba ‘histeriquearlos’. Tampoco había explicación que le fuera suficiente, según su mirada todo escondía una segunda intención. La cosa se volvió insoportable, me pedía explicaciones absurdas a cada rato y me celaba hasta por subir una foto con mis amigas. Me sentía observada por él todo el tiempo.Nuestra relación se volvió insostenible y nos terminamos separando”.
El stalkeo no es una demostración de amor, sino una forma de acoso y, muchas veces, de violencia. El año pasado una mujer denunció que su pareja –movida por los celos– había ingresado a su Facebook y a su mail.
Luego de esto, la Corte Suprema de Justicia determinó que espiar las redes sociales, el correo electrónico y el celular constituye un delito federal. Al mismo tiempo, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad de España, realizó una campaña para concientizar sobre el acoso cibernético y la violencia de género.
“No solamente es pegarle a tu pareja o matarla, la violencia de género también se produce cuando controlamos a nuestra novia a través de los dispositivos electrónicos y las redes sociales”, señalan desde la campaña y enumeran diez casos de violencia digital para poder reconocerla: acosar o controlar a tu pareja usando el celular, interferir en las relaciones que tiene en Internet con otras personas, espiar el celular de tu pareja, censurar fotos que publica y comparte en redes sociales, controlar lo que hace en las redes, exigirle que demuestre dónde está con su geolocalización, obligar a tu pareja a que te envíe imágenes íntimas, comprometer a tu pareja para que te envíe claves personales, obligarla a que te envíe un chat que tuvo con otra persona, enojarse por no mostrar siempre una respuesta inmediata en chat.
“Estamos en medio de una era tecnológica, las redes sociales se han convertido en el medio de interacción social, pero también es el medio por el cual se violenta a la pareja, a través de lo que podemos llamar ciber-acoso”, dice Alfredo Montaño, activista mexicano por los derechos humanos, presidente y miembro fundador de la Academia Hidalguense de Educación y Derechos Humanos. “Eso que se conoce como stalkear hace referencia a las personas que vigilan y espían a través de las redes sociales. Aunque pueda parecer una práctica común e inofensiva, puede ser el medio para causar graves conflictos. Lo más grave es cuando se piden las contraseñas como señal de amor y, en caso de una negativa, viene el reclamo y el chantaje emocional. Estar en una relación de pareja no debe significar perder nuestros espacios y privacidad. Hay que aprender a identificar y darse cuenta que muchas veces la violencia en la pareja está disfrazada de falso amor romántico, del estilo ‘te celo porque te quiero’ o ‘te llamo a cada rato para cuidarte’”.
La falta de materia de lo que sucede detrás de una pantalla, no significa que tenga menos peso, incluso llega a ser más problemática que los hechos concretos porque invita a interpretar todo de manera ambigua.
“La virtualidad es un fenómeno muy reciente en la historia de los vínculos humanos. Es un contexto inédito, sobre el que vamos haciendo camino y teoría al andar”, dice Martínez. “ Los celos, y su incremento a partir de la vida en las redes, son un ejemplo evidente. Se trata de un nuevo escenario que exacerba rasgos preexistentes en el modo de relacionarse de algunas parejas”.
Espiar será un delito
Los tiempos cambian y, con ellos, las modalidades de delinquir. La persecución y el acoso ahora también pueden ser virtuales, por eso dentro del debate por la Reforma del Código penal, este año se acerca la posibilidad de que el stalking sea considerado un delito.
El objetivo de este proyecto es proteger a las mujeres y los niños, ya que son las principales víctimas del acoso cibernético, la “porno venganza” (divulgación sin autorización de imágenes y videos sexuales) y el grooming (cuando un adulto pederasta se acerca a un niño por medio de redes sociales y chats).
Según el juez federal Mariano Borinsky, la comisión tiene previsto añadir al Código penal un delito “con una pena de prisión de hasta dos años para quien, en forma insistente y reiterada, acose a otro mediante actos de intromisión que puedan alterar su vida cotidiana. Considerando como casos especiales, vigilar, perseguir, buscar la cercanía física o intentar establecer contacto con otro a través de cualquier medio de comunicación o por medio de terceras personas”.













Leila Sucari | twitter @LeilaSucari
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