Más plata, menos sal
Estados Unidos ostenta uno de los índices de consumo de sal más altos del mundo...
... y el 75% de la ingesta procede de alimentos procesados y restaurantes de comida rápida. Un equipo de la Universidad de California se planteó qué efectos tendría en términos de salud pública reducir un poco esa ingesta y sus conclusiones arrojan beneficios sustanciales para este país.
Con sólo 3 gramos de sal menos cada día por habitante (el equivalente a unos 1.200 mg de sodio), los estadounidenses se evitarían entre 60.000 y 120.000 casos de enfermedad coronaria; entre 32.000 y 66.000 accidentes cerebrovasculares (ictus) y de 54.000 a 99.000 infartos de miocardio al año. O lo que es lo mismo, podrían reducir las muertes anuales en un número que oscilaría de 44.000 a 92.000 cada año.
Según el diario El Mundo, las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las autoridades estadounidenses indican que cada adulto no supere los 5,8 g de sal al día (2.300 mg de sodio); aunque le realidad es que la mayor parte de la población supera este umbral.
Incluso aunque sólo se lograse bajar 1 gramo al día, la sociedad estadounidense seguiría beneficiándose y merecería la pena, tanto desde el punto de vista económico como sanitario. Y, como subraya el equipo dirigido por Lee Goldman y Kirsten Bibbins-Domingo, dejar la comida un poco menos salada sería tanto o más beneficioso que otras intervenciones de salud pública, como reducir el consumo de tabaco, bajar de peso o administrar fármacos contra el colesterol y la hipertensión a la población.
Según los análisis realizados, la reducción del riesgo sería especialmente llamativa para dos grupos de población: los ciudadanos negros, que por cuestiones genéticas tienen más tendencia a la hipertensión; y las mujeres, que debido a su mayor esperanza de vida son las que más accidentes cerebrovasculares sufren.
Como subrayan en un editorial en la misma revista Lawrence Appel y Cheryl Anderson, de la Universidad Johns Hopkins, estos resultados deberían ponerse en marcha desde una doble vertiente. Por un lado, de manera individual, cortando el consumo de sal en casa y eligiendo alimentos frescos.
Por eso, concluyen, para tener éxito será necesario implementar medidas dirigidas a la industria alimentaria, "como las que ya han tomado otros países como el Reino Unido, Finlandia o Irlanda sin una merma en las ventas para los productores" y que también tienen en mente las autoridades de Nueva York.