Si el agua de la canilla sabe a lavandina, no es raro. Ese gusto suele ser cloro. Se agrega para desinfectar. En Saladillo a veces se sube un poco la cloración para cuidar que el agua esté potable. Sigue siendo apta para tomar. El tema es el sabor.
Lo más fácil es esperar. Llene una jarra de boca ancha. Déjela destapada media hora o una hora. O toda la noche en la heladera. El cloro se va. Y el frío ayuda a que se note menos.
Si la necesita más rápido, hiérvala uno o dos minutos y déjela enfriar. Sirve para el mate, el café o la cocina.
También hay un truco inmediato. Una pizca de vitamina C en polvo. O unas gotas de limón. Corta el sabor al toque.
Y si pasa seguido, una jarra con filtro de carbón activado suele ser lo más práctico.
Antes de cargar, deje correr un rato el agua si estuvo quieta en las cañerías. Use vidrio o acero. En las dosis habituales el inconveniente es el gusto, no un riesgo inmediato.