Pedís un café para llevar y te lo dan en un vaso de papel. Parece solo papel. No lo es. Adentro tiene una capa finita de plástico. Y si el café está caliente, se sueltan pedacitos muy chicos. No se ven. Pero pasan a la bebida.
Probaron 2 tipos de vaso. El de plástico común soltó 0,9 microgramos por litro. El otro, el que se vende como más verde, de origen vegetal, soltó 11,6. Y encima soltó partículas todavía más finas. Mil veces más finas que un cabello.
El calor es lo que más importa. Más que el rato que el café se queda ahí.
Eso no quiere decir que el vaso de papel sea un veneno. Ni que haya que dejarlo sí o sí. Todavía no se sabe bien qué hace eso en el cuerpo. Lo cierto es otra cosa. Papel por fuera no significa sin plástico por dentro.
Si se puede, un vaso que se usa de nuevo evita ese contacto. Si no, al menos saberlo. El trago de todas las mañanas también sale de ese vaso.