Virginio Gallardo, un psicólogo, plantea una pregunta simple: ¿qué es la inteligencia? Además del coeficiente intelectual, el que mide cómo razonamos y procesamos información, habla de sumar el coeficiente emocional y complementarlo con la inteligencia espiritual.
La inteligencia espiritual se relaciona con tres cosas clave: el propósito, la ética y la resiliencia. Es decir, con tener un sentido claro de para qué hacés las cosas, con actuar según tus valores y con poder recuperarte cuando las cosas se ponen difíciles.
Según el modelo de Robert Emmons, esta inteligencia tiene cinco pilares. El primero es la trascendencia: ver más allá de lo inmediato, con una mirada más amplia de la vida. El segundo es una conciencia elevada: lograr foco profundo y claridad mental. El tercero es el sentido cotidiano: conectar lo que hacés cada día con un propósito más grande. El cuarto es la resolubilidad: usar tus valores para enfrentar la adversidad. Y el quinto es la virtud aplicada: practicar la ética, la gratitud y la compasión en lo concreto.
Cuando estas tres formas de inteligencia se unen, se habla de un liderazgo más resiliente. Alguien que toma decisiones con sentido y coherencia, incluso en entornos complicados y que cambian todo el tiempo. Al final, la idea es que la inteligencia no se limita a lo que sabés o a cómo manejás tus emociones. También incluye cómo le das sentido a tu vida y cómo te sostenés cuando las cosas no salen como esperabas.
