Las proyecciones climáticas trazadas para la siembra del girasol de la nueva campaña permiten avizorar que acompañarían una buena cobertura con la oleaginosa, coincidieron en evaluar analistas del circuito comercial girasolero. No obstante, aclararon que lo que pasará con el clima hacia el final del año sigue siendo una incógnita, ya que todavía no se sabe si será un año neutro o Niña, subrayaron en las disertaciones que se desarrollaron durante el 5º Congreso de Girasol que se llevó a cabo en Capital Federal.
La especialista en cambio climático y agrometeorología del INTA, Graciela Magrín, destacó que la oleaginosa ha obtenido mejores rendimientos en los años Niña y sostuvo que si la temperatura del Atlántico aumenta hacia enero, "es probable que los rindes se vean afectados positivamente".
Recordó, en esa línea, que las dos últimas campañas girasoleras mostraron fuertes recortes productivos, cayendo, incluso, a los menores volúmenes de cosecha de los últimos 35 años en el país. El manejo por ambientes fue otro de los puntos tratados para optimizar el rendimiento del cultivo.
"A diferencia del maíz y de la soja, en los años Niña, el girasol ha mostrado mejores rindes que en otros momentos", fue la principal conclusión de las disertaciones del encuentro de todos los representantes de la cadena comercial del producto, nucleados en Asagir, quienes abordaron las perspectivas de rendimientos que pueden proyectarse, analizando lo que pasó con las lluvias y las temperaturas a lo largo de la última década. Los disertantes también puntualizaron que durante los años Niño, "tenemos más posibilidad de lluvias en noviembre, diciembre y marzo, mientras que en los años Niña, las precipitaciones son menores, los inviernos muestran heladas prolongadas y los veranos son muy calurosos", explicó.
Al revés que la soja y el maíz
En ese contexto, "el girasol tiende a tener rendimientos más bajos con ‘El Niño’ y más altos con ‘La Niña’, de manera inversa a lo que sucede con la soja y el maíz. Este es un elemento a tener en cuenta a la hora de decidir qué se hace", subrayaron.
Magrín resaltó que "en el caso de las lluvias, en la fase vegetativa, cuanto más llueve, es más probable que tengamos rendimientos elevados. En cambio, durante la fase reproductiva, sucede lo contrario".
La especialista señaló que esto se debe a que cuando hay exceso de agua, hay una reducción importante en el peso de grano y, en esa línea, recalcó que "si tenemos en cuenta que enero es un mes peligroso por exceso de lluvias, podemos llegar a tomar precauciones", alertó.
Además de la incidencia del Pacífico en las cosechas, Magrín aseguró que el Atlántico también influye, pero con distintos efectos: "Hay una variación positiva cuando la temperatura del Atlántico es elevada en marzo; si esto sucede, en la zona centro-norte es muy probable que los rendimientos del girasol sean más elevados", concluyó.