Un orfebre austriaco aseguró haber fabricado una vuvuzela tasada en unos 21.000 dólares a pedido de un empresario ruso.
Klemens Pointer explicó a una emisora local que el cliente ordenó la lujosa corneta para regalársela a un socio comercial sudafricano durante la final del Mundial de fútbol, el 11 de julio.
Las vuvuzelas se convirtieron en un símbolo de esta Copa del Mundo gracias a su estruendoso sonido y a la polémica que generó en los estadios. Según Pointer, la "super-vuvuzela" tiene un cuerpo plástico, como su pariente "popular", pero está cubierta de oro y diamantes. Además suena tan fuerte como la original, aseguró el artesano.