
Julio Ariza, un pequeño productor jubilado de 66 años (que sufre epilepsa y cuya mujer sufrió la pérdida de 18 kilos en los últimos años, según relató) comenzó a preocuparse por los abortos masivos que hace un año comenzó a tener su ganado. “Perdí 30 lechones y las chanchas quedaban infértiles. No sabía lo que pasaba, las chanchas comían siempre lo mismo, hasta que un vecino me dijo que la causa era el glifosato”, relató Ariza en el programa “Entre el Ruido”, de Radio Nacional Santa Fe.
La propiedad linda con un campo en el que se cultiva soja al que su vecino fumiga con agroquímicos que se esparcen sobre la vivienda y el ganado de Ariza. Según el productor, no se respetaron las distancias mínimas exigidas por la legislación local para realizar las fumigaciones.
“Estaba tomando mate en la cocina y escuché un ruido: era el avión fumigador. Teníamos viento norte y el veneno me venía a mí”, describió Ariza.
El productor sostuvo que los agroquímicos afectaron a sus cerdos, a sus pollos y a sus avejas: “No quedaba uno. Doscientos pollos, las avejas, no quedaba nada”, dijo el ruralista.
“Salí y le dije que pare. El tipo me miraba y pensó que era broma. Así que fui y le pegué un tiro”, recordó Ariza quien aseguró que por la clase de arma y munición que utilizó “al piloto y a la máquina no les pasó nada”. Las pericias determinaron que la aeronave sufrió “daños menores”.
“La paciencia se me acabó. Él me está matando de a poco. Llegó el límite”, se justificó el productor quien deberá afrontar una causa judicial por abuso de arma de fuego y la falta de registros.