
Si bien es cierto que hay que sumar una cuota de ejercicio a la vida diaria, tampoco es cuestión de obsesionarse al punto de dedicarle más tiempo a los bíceps que a la pareja: al parecer, según se publicó en The Wall Street Journal, quienes privilegian el deporte, el entrenamiento y el estado físico pueden tener algunos problemitas de pareja. Por eso se habla de “viudas del ejercicio”.
Lo más común: que ella se despierta y él ya no esté porque arrancó su “entrada en calor” o cancelar cenas porque él se anotó en una maratón nocturna.
Sucede en estos casos que al compartir menos tiempo juntos ambas partes comienzan a sentirse cada vez menos seguras respecto de la fidelidad del otro.
Si bien no está demostrada la incidencia directa en los casos de divorcios, sí se encontró una tasa más alta de separaciones en los casos en que uno de los miembros de la pareja es atleta de alta competición. Hasta lo llaman “el divorcio triatlón”.