"Soy tu compañera, no tu mamá": hombres que buscan parejas parecidas a su madre

La ex mujer de Jeff Bezos podría convertirse en la más rica del mundoEl psicoanálisis se encargó de repetir, hasta el hartazgo, que nuestro primer gran amor es mamá. Este primer vínculo deja improntas y modelos de referencia que nos van a servir de guía para seleccionar y establecer relaciones significativas. Ya lo describió John Bowlby, el notable psicoanalista inglés en su "teoría del apego".
Hay hombres que buscan encontrar en sus parejas el lazo que los unió a sus madres, lazo que pudo haber sido amoroso y de presencia materna, o ausente y descalificante.






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Ahora bien, también hay mujeres que sostienen estos vínculos con hombres que buscan el amor de mamá. Estos desordenes amorosos se establecen siempre de a dos.
Cuando dos personas se enamoran y tienen un vínculo amoroso, se pone en juego toda una dinámica de “amor” aprendida en la infancia. Esto quiere decir, que recibimos en herencia un modelo de todo un sistema familiar que persiste por lealtad inconsciente. ¿Qué lugar han ocupado los hombres en la historia de la familia? ¿Qué lugar las mujeres?
Traemos de nuestra infancia heridas y carencias. Conviven en nuestro ser adulto niños que guardan cicatrices sin cerrar. Cuando nos enamoramos, proyectamos en nuestro partenaire a alguien que pareciera prometernos reconocimiento y valoración, el mundo ideal que alguna vez anhelamos de pequeños y que nunca alcanzamos. Con el tiempo salimos de esta ilusión y volvemos a encontrar, como por repetición, la misma dinámica de apego y dependencia emocional que aprendimos de niños.
Tal vez un hombre hubiese necesitado el afecto y la protección de su madre, entonces busca lo que nunca tuvo, o por el contrario, su madre lo sobreprotegió y ahora necesita a otro para que lo ayude y lo cuide.
Usualmente ante madres sobreprotectoras, encuentran carencia de presencia paterna. Madres solas o mujeres que han desvalorizado de alguna manera la figura del padre y ante estas circunstancias, se crea una viscosidad en la relación madre-hijos muy difícil de superar.
Nos encontramos con jóvenes adultos, hombres que no han podido salir del campo de atracción de la “necesidad de madre” y se quedan orbitando alrededor de la “vieja”, ya sea para recibir sus cuidados o porque ha sido su función cuidarla a ella.
Esta trampa que tejen algunas madres alrededor, sobre todo de los hijos varones, tiene como fundamento un exceso del ejercicio materno: ven a sus hijos siempre como pichones a los que tienen que cuidar. Esta mirada puede ser neutralizada cuando la función paterna está ordenando la circulación del amor y de los hijos fuera del nido. Permite salir de la posición infantil a la vida adulta. Seguir avanzando aunque nos tropecemos, nos equivoquemos y aunque tengamos miedo. Esta posición, internalizada en cada uno, nos impulsa a creer en nuestra autovalía y fortalece nuestra valoración personal.
La posición de las mujeres que mantienen un vínculo con hombres que buscan el cariño de mamá, se manejan en ese mismo programa familiar: sostener la desvalorización de la imagen masculina, o de la figura del padre o función paterna.

Hay hombres que buscan encontrar en sus parejas el lazo que los unió a sus madres, lazo que pudo haber sido amoroso y de presencia materna, o ausente y descalificante.
Hay hombres que buscan encontrar en sus parejas el lazo que los unió a sus madres, lazo que pudo haber sido amoroso y de presencia materna, o ausente y descalificante.
Algunas señales para reconocer que mi pareja busca a una madre
- Te hace responsable por todo: Tenés que recordarle que tiene una cita, vos elegís a dónde salir, te ocupás de la limpieza, de sus finanzas, de manejar, de ordenar, cocinar. Siempre tiene alguna excusa de porqué él no lo hace.
- No quiere dialogar: Tu pareja en lugar de conversar o buscar soluciones deja de hablarte, utiliza el sarcasmo y te hace culpable de su malestar. Se siente incapaz de pensarse a sí mismo como responsable de lo que está sintiendo y pretende que vos gestiones su malestar.
- En su interior estos hombres no se sienten capaces de resolver problemas, tomar decisiones y transitar sus propios malestares y pretenden que su pareja lo haga por ellos.
- Un comentario característico de mujeres con este tipo de parejas es “mi marido parece un hijo más”. El sostener una relación de “salvador”, no es precisamente amor de pareja, básicamente este vínculo se sostiene en una desigualdad en el dar y el recibir en donde el hombre que es ayudado va quedando imposibilitado de devolver en los mismos términos. Queda atrapado en una mirada infantilizada por parte de su partenaire que se ofrece maternalmente amorosa. Este lazo puede generar un conflicto recurrente vivido como dependencia emocional para ambos.
Quiá sirve que nos hagamos las siguientes preguntas:​
- ¿Para qué tengo una pareja que busca el amor de una madre? ¿En qué colaboro yo a esa situación? ¿Acaso como mujer, me inmolo en la pareja para salvar al otro?
- ¿Acaso realmente creo que mi pareja sea lo suficientemente adulto para gestionarle yo su propia inmadurez o creo que me necesita? ¿Qué recompensas obtengo sosteniendo a alguien que necesita de mi cuidado?
- ¿Qué pasaría si dejo de hacer lo que hago? ¿Estoy dispuesta a establecer un equilibrio en mi pareja de igual a igual o mi necesidad de control me exige estar a cargo de la situación?
La relación de pareja nos posibilita la experiencia de ser dos adultos en vínculo, de contactar con el mundo emocional que vibra en mí como fuente vital y responder de manera menos reactiva o impulsiva.
En pareja, me reconozco, y me permito abrir nuevos aspectos de mí mismo. Confío en el camino y el proceso de vida y me siento acompañada en la experiencia de vivir.
Por la Licenciada en Psicología María Eugenia Calvo.

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