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Ignorar los sentimientos negativos nos autodestruye

¿Alguna vez te recomendaron que no seas tan sensible? El mundo en que vivimos nos ofrece, cada vez, más tentaciones para dejar los sentimientos de lado y alejar el dolor. Escuchar lo que nuestro interior intenta decirnos resulta difícil, y aunque a corto plazo nos pueda parecer algo bueno, se trata de una trampa: al ignorar esos mensajes, sufrimos más a largo plazo.

Aunque pensemos que todo pasa, ignorar los sentimientos puede tener un precio muy grande y acabar siendo perjudicial para nuestro cuerpo. Cuando nos alejamos, reprimimos o criticamos a nosotros mismos por tener sentimientos, la salud se resiente. Explorarlos y perder el miedo a sentir nos lleva a lo contrario. Sentirse conduce a la curación.
Los efectos de evitar los sentimientos
En palabras de la psicóloga María Súnico, los posibles efectos de ignorar, negar o evitar las emociones negativas pueden ser varios, y ninguno de ellos es positivo: ”Puede suceder que dichas emociones persistan, que empeoren -es decir, que tengan más intensidad, frecuencia o duración-, o que empecemos a manifestar conductas desadaptativas para intentar neutralizarlas. Estos comportamientos pueden ir desde la rumia (darle vueltas una y otra vez a lo mismo) hasta estrategias de evitación (alcohol, drogas, medicación...)”.
Un reciente estudio de la Universidad de Texas demostró cómo, al evitar nuestras emociones, en realidad las fortalecemos, aumentando con ello nuestra agresividad . Esto puede generar muchas enfermedades en el cuerpo y en la mente, causando una gran cantidad de problemas de salud.
Al reprimir las emociones, confundimos y lastimamos a nuestro cuerpo de una manera profunda. Las emociones afectan a todo nuestro organismo; nuestro cuerpo lucha por nuestra superviviencia y está tratando de mantenernos seguros en todo momento. Aunque tendemos a pensar que no enfrentar una emoción nos coloca en una posición cómoda, saber reaccionar a una emoción y procesarla puede, en última instancia, protegernos de los peligros, tanto físicos como mentales.
La supresión de las emociones negativas -enfado, tristeza, dolor o frustración- se ha asociado con enfermedades cardíacas, trastornos autoinmunitarios, úlceras o problemas gastrointestinales. Otros estudios demuestran que reprimir los sentimientos tiene una correlación con el cortisol alto -la hormona liberada en respuesta al estrés)- y que el cortisol produce menor inmunidad y aumenta los patrones de pensamiento tóxicos. Con el tiempo, el estrés no tratado o reconocido puede llevar a un mayor riesgo de diabetes, problemas con la memoria, agresividad, ansiedad y depresión.
La aceptación es clave
Aunque escuchar nuestras emociones da miedo y podemos sentirnos extraños autoanalizándonos, educarse sobre la ciencia de las emociones e ir lentamente ganando confianza significa una gran mejora. Pasar del rechazo a la aceptación de la noche a la mañana puede no ser del todo saludable.
Para Súnico, lo mejor que podemos hacer para batallar las emociones negativas es aceptarlas. “La emoción aparece, pasa, puede que golpee (a veces duele), pero siempre termina desapareciendo. Las estrategias que ponemos en juego habitualmente lo que hacen es empeorar las emociones negativas”.
Enfrentarnos a nuestras emociones es el primer paso para la curación
Siguiendo ese consejo, la especialista propone un sencillo ejercicio: “La próxima vez que te encuentres mal, para durante dos segundos; reconoce la emoción que estás sintiendo (”hay tristeza”, “hay ira”, “hay frustración”...), haz un par de respiraciones profundas mientras te dedicas unas palabras de ánimo, cariñosas, y piensa qué esta ocurriendo. Es un primer paso a partir del cual seguro que te sientes mejor”.
Fuente: La Vanguardia

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