8/4/20

Insomnio. En el confinamiento, crecen las consultas por problemas para dormir


Incertidumbre ante lo desconocido. Angustia ante el posible contagio. Estrés por el encierro. Sedentarismo. A estas diversas sensaciones que atraviesan los argentinos durante la cuarentena obligada por el nuevo coronavirus empezó a sumarse otra, consecuencia de todas las anteriores: el insomnio.

Los testimonios de los afectados coinciden: se duermen de madrugada y a las pocas horas se despiertan, en algunos casos necesitan levantarse y entrar en actividad antes de poder volver a conciliar el sueño. Y el desorden impacta en el ánimo.
A los especialistas no los sorprende. Explican que el insomnio es, precisamente, un síntoma del malestar generado por el encierro y por un escenario en el que “nada está en orden”.
Recuerdan que los problemas para dormir suelen tener consecuencias psicológicas y físicas, sugieren una serie de hábitos que ayudan a regularizar el sueño y, si la alteración se agrava, pedir ayuda profesional.
“Tenía insomnio cuando tenía algún problema en el trabajo o una preocupación, pero desde que estamos en cuarentena me pasa todos los días. Le consulté a mi terapeuta porque me pone muy mal no poder dormir. Suelo dormirme tarde y despertarme varias veces a la noche”, dice Liliana Ariganello, una arquitecta de 50 años.
Según cuenta, suele dormirse cerca de las 2 y se despierta 6.30. A veces logra volver a dormirse a las 7 y termina despertándose al mediodía. “Creo que me pasa porque soy una persona muy activa y ahora estoy en casa, sin moverme. Además me preocupa la salud de mi familia, la economía, y pienso en cómo haremos para salir adelante”, cuenta.
Desde el inicio de la cuarentena por el nuevo coronavirus, los especialistas están recibiendo muchas consultas como la de Ariganello por trastornos del sueño y dificultades para dormir. Es más, según reportes del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos (Safyb), en los últimos 30 días se incrementó el consumo de psicofármacos, más que nada de tranquilizantes y ansiolíticos, que son medicamentos utilizados para calmar los nervios o para poder conciliar el sueño.
“Esto implica un gran riesgo porque, por un lado, generan adicción y acostumbramiento; por el otro, pueden aumentar la tasa de errores durante el día, predisponiendo a accidentes domésticos, laborales o accidentes de tránsito”, destaca Juan Facundo Nogueira, neumonólogo y especialista en Medicina del Sueño del Hospital de Clínicas.
Algo similar a lo de Ariganello le está pasando a Arturo Diehl Moreno. Este empleado bancario, de 53 años, está muy preocupado porque desde que empezó el aislamiento obligatorio no puede dormir. “Me acuesto a las 23, apago la luz y duermo solo por 20 o 30 minutos. Después abro los ojos y estoy dando vueltas hasta las 2.30. Me levanto, voy a la cocina, camino por la casa, miro la televisión. No sé qué hacer. Trato de conciliar el sueño, pero no es fácil”, señala, con tono de preocupación.
Arturo atribuye el insomnio al estrés que provoca estar encerrado y a la incertidumbre por lo que está pasando y lo que puede llegar a pasar. “Además, vivo con mi esposa y mi hija de 5 años. También pienso mucho en ellas y se me van sumando las preocupaciones”, agrega.
Síntoma
Claudio Waisburg, neurólogo y director médico del instituto SOMA, resalta que es un tiempo de muchas incertidumbres y angustias, y que el insomnio aparece entre los principales síntomas por estos días. “Por primera vez, el mundo entero está adaptándose a nuevos paradigmas. Nuestros cerebros están tratando de amoldarse a estas nuevas realidades que nos ponen a prueba, recalculando, como un GPS, a este nuevo escenario”, explica.
Según Nogueira, cuando nos vamos a dormir se producen dos procesos muy claros con nuestros pensamientos: los fenómenos de focalización y de amplificación. “Significa que si durante el día nuestra mente transita por distintas situaciones, problemas, actividades laborales o recreativas, durante la noche se va a enfocar puntualmente en el problema que más nos preocupa en ese momento o por esos días. Y además si la preocupación se amplifica, nos parece que es más grave o más difícil de resolver, y nos invade una sensación de fatalismo que es difícil de contrarrestar”, afirma.
Waisburg concuerda y agrega que, habitualmente, en el ciclo normal de sueño y vigilia el descanso se inicia cuando la mente libera al cuerpo del control absoluto del exterior, y empieza la relajación, que precede al sueño. “Pero actualmente nada de eso sucede porque nada está en orden, y entonces el estado de alerta no permite el pasaje de la vigilia al sueño debido a todas las preocupaciones e incertidumbres sobre el futuro que esta pandemia representa”, señala.
Un error muy común en estos días de cuarentena es desordenarse con los horarios, acostarse muy tarde, quedarse conectados a las pantallas, las redes sociales y, en consecuencia, levantarse más tarde. “Al hacer esto se altera el ciclo vigilia-sueño. Nuestro cuerpo y fundamentalmente el cerebro coordinan muy precisamente su funcionamiento con el ciclo luz-oscuridad. Si alteramos nuestro ritmo de descanso y nos desacoplamos de ese ritmo natural corremos el riesgo de afectar funciones centrales de nuestro organismo, como el control de la actividad cardiovascular. Además, se altera nuestro ritmo de descanso, lo que puede generar situaciones de insomnio o ‘corrimientos de fase de sueño’ cuando llegue el momento de volver a la rutina cotidiana”, alerta Nogueira.
Además Waisburg advierte que dormir pocas horas puede tener consecuencias graves en el cuerpo. “Un sueño diario deficiente es un factor que agrava los trastornos psicológicos, la mala alimentación, el sedentarismo y enfermedad cardiovascular”, sostiene.
Asociaciones
Por otro lado, según el neurólogo, varios trastornos de salud tienen factores de riesgo asociados a la alteración del sueño. “Es el caso de las enfermedades psiquiátricas como la ansiedad, la depresión; enfermedades neurológicas como Alzheimer o Parkinson; trastornos cardiovasculares como la hipertensión arterial y las afecciones coronarias; enfermedades metabólicas como la diabetes y la obesidad; y ciertos casos de cáncer”, enumera.
El celular es otro gran enemigo del sueño. “Emite una luz en una longitud de onda que ‘despierta’ al reloj biológico. Hay una directa relación entre iluminación digital y sueño que se interrumpe. La lectura en digital frente a la lectura de papel, por ejemplo, retarda el sueño unos 30 minutos”, afirma Waisburg.
Además de alejarse de las pantallas y no acostarse más tarde de lo habitual, otros consejos que brindan los especialistas son evitar las siestas, el tabaco, el alcohol y el café; no hacer actividad física cerca de la hora de acostarse; evitar la actividad intelectual dos horas antes de acostarse; y no comer ni beber en forma abundante por la noche.
“Desde el inicio de la cuarentena hasta la fecha mi celular no para de sonar con comentarios de los padres de pacientes menores y de pacientes adultos que manifiestan no poder dormir y me preguntan qué hacer. Aconsejo que si con las recomendaciones antes descriptas persiste el insomnio, debe comunicarse con un profesional especialista en el tema”, precisa Jheiser Sanabria Maturana, psiquiatra de adultos, jóvenes y niños.

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