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El síndrome de Asperger es una forma especial de funcionar del cerebro.
Antes se llamaba “síndrome de Asperger”, pero ahora los médicos lo incluyen dentro del autismo.
Es como si el cerebro estuviera “cableado” de otra manera. La persona es normal de inteligencia (muchas veces muy inteligente), habla muy bien, pero tiene dificultades para entender a los demás y para relacionarse.
¿Cómo se nota?
Le cuesta mucho entender las caras, el tono de voz o las bromas. A veces no se da cuenta si alguien está triste, enojado o si está bromeando.
Habla mucho y con detalle de un tema que le apasiona (trenes, dinosaurios, videojuegos, historia, etc.) y puede seguir hablando sin notar que el otro ya se aburrió.
Le gusta que todo sea siempre igual: la misma rutina, el mismo camino, la misma comida. Los cambios le molestan mucho.
Puede ser muy sensible a ruidos, luces fuertes, olores o ropa que pica.
Es muy sincero, casi nunca miente, y tiene una memoria impresionante para cosas que le interesan.
¿Es una enfermedad?
No. No se contagia, no es culpa de nadie y no se “cura”.
Es simplemente una forma diferente de ser.
Muchas personas con Asperger son excelentes en su trabajo: programadores, científicos, artistas, mecánicos… porque se concentran mucho y ven detalles que otros no ven.
¿Qué necesitan?
Necesitan que la gente sea paciente y clara con ellos.
Con un poco de comprensión de la familia, amigos, escuela o trabajo, pueden vivir muy bien y ser felices.
En resumen:
Son personas inteligentes y especiales, que piensan de forma diferente, pero que pueden lograr muchas cosas si los entienden y los ayudan un poquito.
