Aunque hoy se fuma menos que antes, el tabaco sigue causando millones de muertes cada año y es muy difícil dejarlo para muchas personas. Un estudio reciente, publicado en una revista científica importante, encontró que parte de la respuesta está en nuestros genes.
Investigadores analizaron el ADN de miles de fumadores y descubrieron variantes raras en un gen llamado CHRNB3. Este gen ayuda a formar una proteína en el cerebro que recibe la nicotina, la sustancia que hace el cigarrillo tan adictivo.
Las personas con ciertas versiones de este gen fuman mucho menos: entre un 21% y hasta un 78% menos cigarrillos por día, comparado con quienes tienen la versión más común. Es como si su cerebro respondiera de forma diferente a la nicotina, con menos ganas de seguir fumando.
El hallazgo se vio primero en personas de origen indígena mexicano, pero se confirmó en grupos de Europa y Asia. No evita que alguien empiece a fumar, pero una vez que fuma, tiende a consumir menos.
Los científicos creen que esto abre la puerta a futuros medicamentos que imiten ese efecto natural, para ayudar a quienes luchan mucho contra el hábito. Mientras tanto, la fuerza de voluntad y los apoyos disponibles siguen siendo clave para dejarlo.
Pequeños pasos, como buscar ayuda profesional, marcan la diferencia real en la salud
