Muchos adolescentes y preadolescentes usan el celular como si fuera un confidente inseparable. Le cuentan secretos, buscan aprobación y hasta comparten cosas que nunca dirían cara a cara. Pero detrás de esa pantalla hay riesgos reales que preocupan a familias y especialistas.
El principal peligro es que los chicos entregan información personal sin pensar en las consecuencias. Fotos íntimas, ubicación, conversaciones privadas o datos que luego pueden usarse en su contra. Lo que empieza como un juego o una muestra de confianza puede terminar en acoso, extorsión o burlas que duran años.
Otro problema es la adicción: pasan horas pegados al teléfono, descuidan el estudio, el sueño y hasta el trato con amigos de verdad. Muchos padres notan que sus hijos se encierran en su cuarto y responden mal cuando se les pide que suelten el aparato.
Los expertos insisten en algo simple: hablar mucho en casa, poner límites claros desde chicos y enseñar que lo que se sube a internet no se borra nunca. No se trata de prohibir el celular, sino de acompañar para que lo usen con cabeza.
Una generación entera está creciendo con este “amigo” electrónico. Cuidar cómo lo manejan hoy puede evitarles problemas grandes mañana.
