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En el lenguaje cotidiano de muchos países de habla hispana, sobre todo en la región del Río de la Plata, la expresión “calma chicha” describe una quietud total. Se usa cuando todo parece detenido, sin movimiento ni avance, ya sea en el trabajo, en la calle o en cualquier situación diaria. A veces transmite tranquilidad, pero otras veces refleja esa sensación de aburrimiento o impaciencia ante la falta de actividad.
El origen de la frase es náutico. Los marineros la empleaban cuando el viento desaparecía por completo y el barco quedaba inmóvil sobre un mar liso como un espejo. En esas condiciones el calor se volvía sofocante y la tripulación sentía frustración porque no había forma de avanzar. La palabra “chicha” no se refiere a ninguna bebida, sino que proviene del francés “chiche”, que significa escaso o tacaño. Según la historia más conocida, un marinero francés habría exclamado algo como “¡calme chiche!”, quejándose de que la naturaleza era avara y no regalaba ni un poco de viento. Con el tiempo, los marineros hispanohablantes adaptaron la expresión y la convirtieron en “calma chicha”.
Con los años, el dicho dejó el mar y pasó al habla diaria. Hoy sirve para referirse a cualquier momento de silencio absoluto o inactividad, ya sea agradable o desesperante. Los especialistas en el idioma coinciden en que se documenta en castellano desde principios del siglo XIX, aunque su uso ya aparecía antes en contextos metafóricos.
Así, una antigua queja de navegantes contra el viento ausente se transformó en una forma sencilla y gráfica de expresar que todo está en completa quietud.
