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“Cada vez tenemos menos paciencia para escucharnos”, dice. No solo nos cuesta expresar lo que sentimos, sino que también nos falta paciencia para oír al otro. Por eso, las charlas se convierten en monólogos donde nadie se siente realmente escuchado.
Según ella, usamos menos palabras y más emoticones, y eso nos enferma porque no podemos sacar lo que llevamos adentro. El diálogo interno es clave: la forma en que uno se habla a sí mismo define cuánto se quiere y cómo ve el mundo. Si te tratás con confianza y nobleza, mirás a los demás y a la vida de otra manera. Esto influye en cómo vivís los duelos, tus objetivos y tus emociones.
Sordo también habla de que crecer duele. La incomodidad es la única invitación real al cambio, pero muchos huyen de ella porque la sociedad nos pide ser felices todo el tiempo. Defiende el derecho a equivocarse, a cambiar de opinión y a alejarse de lo que no hace bien.
En resumen, escucharnos con paciencia y hablar con palabras de verdad ayuda a tener mejor salud emocional y relaciones más profundas.
