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Los cocineros saben bien que preparar una ensalada rica no es solo juntar verduras. El secreto está en el orden para condimentarla.
Primero hay que poner la sal. Esto ayuda a que las hojas y las verduras suelten un poco de su jugo natural y tomen más sabor. Después va el vinagre, que le da esa puntita ácida y despierta todos los aromas. Recién al final se agrega el aceite.
¿Por qué tan importante este orden? Si uno echa el aceite primero, forma como una capa resbalosa sobre las hojas. Entonces la sal y el vinagre no se pegan bien y todo queda desparejo, sin gusto fuerte. Es como si quedara una balsa de aceite y los sabores no se mezclan como deben. En cambio, dejando el aceite para lo último, este une todo sin tapar nada y la ensalada queda mucho más sabrosa y equilibrada.
Los que cocinan todos los días recomiendan usar un aceite bueno y un vinagre que no sea demasiado fuerte. Hay que revolver bien antes de poner el aceite para que quede parejo.
Este mismo truco sirve no solo para ensaladas verdes. También queda perfecto con pastas frías, porotos, lentejas, pescado o verduras asadas. Con un pequeño cambio en el orden, una comida sencilla se transforma en algo realmente rico y bien hecho. Vale la pena probarlo la próxima vez. (218 palabras)
