Allá por 1900, en San Fernando, había una confitería famosa de Don Emilio Frugone. Después de misa, los domingos, iba a almorzar un tal Ángel Pineda, que siempre era el último en irse.
Cuando quería pagar, Don Emilio —ocupadísimo con la caja y los mozos— le tiraba un rápido: ‘¡Chau, Pineda!’. Total, después pasaba y arreglaba la cuenta.
Con el tiempo, ‘Pineda’ se convirtió en ‘Pinela’ y quedó como expresión popular. Hasta se hizo un tango en 1930 de Carlos Di Sarli con Ernesto Famá.