Imaginate esto: es el 2006, en un taller de alineación y balanceo de Lanús llamado El Rayel. Jorge Odón, un mecánico común y corriente, padre de cinco pibes, está laburando como siempre. De repente, ve a dos de sus empleados haciendo una apuesta: sacar un corcho metido adentro de una botella vacía sin romperla. Uno agarra una bolsita de plástico, la mete, la infla y... ¡zas! Tira y sale el corcho como por arte de magia, por succión y pinza de aire.
Esa misma noche, Jorge se despierta a las 4 de la mañana al lado de su mujer, Marcela, y le sacude: “¡Marcela, esto puede servir para facilitar un parto!”. Ella, medio dormida, le dice “qué lindo” y se da vuelta. Pero a él no se le fue la idea.
En la cocina de su casa armó el primer prototipo: un frasco de vidrio como útero, la muñeca de su hija como bebé y una bolsa cosida por su mujer. Probó, ajustó y llevó la idea al CEMIC. De ahí saltó a la OMS, que lo bancó fuerte. Hoy el OdonAssist es un tubo con una bolsa suave que se desliza alrededor de la cabeza del bebé, se infla suavemente y ayuda a sacarlo sin lastimar a nadie. Mucho más seguro que fórceps o ventosa, barato y fácil de usar.
Ya se probó en 48 partos en Argentina y más de 300 nacimientos en 40 hospitales de Europa (Reino Unido, España, Francia, Italia, Alemania) y hasta Etiopía. ¡Ningún bebé con moretones ni heridas! Es la primera gran innovación en partos desde los años 50.
Jorge dejó el taller en manos de su hijo y hoy vive retirado en Uruguay, pero sigue inventando. De mecánico de Lanús a salvar vidas en el mundo entero.
Esto es Argentina cuando se pone creativa. El ingenio no tiene título universitario.
