Muchas veces pensamos que quien no quiere abrazos es frío o no quiere a los demás. Pero la psicología explica que suele ser por otra razón: tienen más sensibilidad al contacto físico. Su cuerpo siente más fuerte el toque y les causa incomodidad.
Esto viene mucho de la infancia. Si de chicos no recibieron muchos abrazos en casa, después les cuesta acostumbrarse. Prefieren su espacio personal para sentirse bien. No es rechazo a la gente, sino una forma de cuidarse.
Cada uno tiene su historia y su manera de mostrar cariño. Algunos lo hacen con palabras o tiempo juntos. Entender esto ayuda a no juzgar y respetar a los demás. Al final, lo importante es el cariño verdadero, sin importar cómo se exprese.