Una encuesta de la Universidad de Buenos Aires a más de 1.800 personas muestra cómo piensan los argentinos sobre la vejez y la muerte.
En promedio, eligen vivir hasta los 88 años y medio. Los hombres piden un poco más (casi 91) y las mujeres algo menos (alrededor de 87). Dos de cada tres prefieren un límite claro: no quieren vivir para siempre.
El rechazo a la vida eterna es fuerte. La mitad dice que la muerte forma parte natural de la vida. Uno de cada cuatro teme aburrirse si no hubiera final. Casi nadie menciona motivos religiosos.
Lo más importante no es verse joven ni tener un cuerpo perfecto. La gran mayoría prioriza conservar la mente clara (memoria y lucidez) y poder moverse con energía. Prefieren una vida más corta pero buena, antes que muchos años sin bienestar. Esa idea se refuerza con la edad.
Nadie quiere alargar la vida en soledad. Más de la mitad solo aceptaría un tratamiento si también pudieran recibirlo sus seres queridos. El mayor miedo es ver morir a quienes aman.
Si la ciencia lograra alargar la vida, casi la mitad pide que el Estado garantice el acceso para todos, para que no sea solo un privilegio de pocos.
Al final, el mensaje que dejan para la humanidad del futuro no pide más tecnología: piden cuidar el planeta, disfrutar el presente y ser mejores entre sí.