Llegás a casa a las 8. No corriste un maratón. No cargaste nada pesado. Pero no podés elegir qué cenar. Ni qué serie ver. Ni qué mensaje responder primero.
Esa parálisis no es flojera. La psiquiatra Marian Rojas lo dice claro. No solo estamos cansados de trabajar y de hacer de todo. También estamos cansados de decidir. Cada elección, por más chica que sea, gasta energía de la cabeza. Y hoy el mundo nos pide cientos de decisiones por día. Qué ropa. Qué mail. Qué noticia. Qué aplicación abrir.
Es como la batería del celular. Cuando baja al rojo, sale nuestra peor versión. El que se enoja. El que llora. El que se come toda la heladera.
Pasa hasta con los jueces. Al final del día dan menos permisos. Y a cualquiera le puede pasar frente a un pasillo lleno de galletas: tantas marcas que no se puede elegir ninguna.
Por eso algunas personas productivas se ponen siempre la misma ropa. Así no gastan energía a la mañana.
El consejo es sencillo. Las decisiones importantes, a primera hora. De noche la cabeza ya no rinde igual. Simplificar las rutinas y ordenar el día ayuda a no llegar tan vacío.