Los especialistas dicen que llegó la primavera. Hay más luz. El clima mejora. Y, sin embargo, mucha gente se siente agotada.
Eso tiene nombre: astenia primaveral. No es una enfermedad. Es un desajuste. El cuerpo tarda en adaptarse al cambio de estación.
El reloj biológico se mueve. Es parecido a un jet lag. El hipotálamo reacciona lento. Entonces aparece el cansancio. También la somnolencia. La irritabilidad. El desgano. Y cuesta concentrarse.
La luz extra altera hormonas. Baja la melatonina. Cambia la serotonina. Y se mueve el ánimo. Por eso, a veces, “llegó la primavera y estoy reventado”.
Afecta a cerca de la mitad de las personas. Suele durar unos quince días. Después, el organismo se acomoda.
Hay formas de ayudar. Dormir a horario. Salir a la luz natural. Moverse. Comer liviano. Tomar agua. Y no abusar de alcohol ni de estimulantes.
Ojo: no todo cansancio es primavera. Si dura más. Si es muy fuerte. O si aparece fiebre, palpitaciones o tristeza persistente, hay que consultar. Porque también puede ser anemia, tiroides u otra causa.
La estación pide adaptación. Escuchar al cuerpo también es cuidarse.