Lo investigamos:
En Argentina no se trata de una regla absoluta, sino de una costumbre muy arraigada en el calendario cívico, escolar y mediático: muchas fechas oficiales de próceres y figuras relevantes coinciden con el aniversario de su muerte (el llamado “paso a la inmortalidad”) y no con su nacimiento.
Las razones principales son estas:
1. Lo que se honra es la obra, no el origen**
Se considera que el nacimiento, por sí solo, no acredita nada. La relevancia de San Martín, Belgrano, Sarmiento u otros se construyó a lo largo de su vida pública. Conmemorar la fecha en que “pasan a la inmortalidad” permite recordar el conjunto de esa trayectoria ya cerrada, no el momento en que aún no habían hecho nada trascendental.
2. El calendario escolar**
Varias fechas de nacimiento caen en verano o en receso. Mover la conmemoración a la muerte permite que las escuelas puedan trabajarla durante el ciclo lectivo. El caso más claro es el Día de la Bandera: la bandera se izó por primera vez el 27 de febrero de 1812, pero se conmemora el 20 de junio, día de la muerte de Belgrano.
3. Tradición católica y lenguaje oficial**
En la Iglesia católica, los santos se recuerdan en la fecha de su muerte (el *dies natalis*, el “nacimiento” a la vida eterna). Esa lógica se trasladó al lenguaje cívico argentino: “paso a la inmortalidad” de San Martín (17 de agosto) o de Sarmiento (11 de septiembre, Día del Maestro). No se presenta como luto, sino como ocasión pedagógica.
Hoy mismo, 11 de septiembre, es un ejemplo concreto: se recuerda a Sarmiento por el aniversario de su fallecimiento en Asunción en 1888, no por su natalicio del 15 de febrero. La fecha se institucionalizó en 1943-1945 a partir de una conferencia interamericana de educación.
No es exclusivo. Existen días que sí usan el nacimiento (Día de la Tradición el 10 de noviembre por José Hernández; Día Nacional del Músico el 23 de enero por Spinetta). Pero en el núcleo de los próceres del siglo XIX y en muchas efemérides escolares, predomina la fecha de la muerte.