Tu rendimiento mental no solo depende del cerebro.
También depende del intestino.
Existe un eje llamado intestino-cerebro.
Este eje regula, mediante neurotransmisores y la vía vagal, la velocidad de procesamiento y el foco.
Cuando hay disbiosis, o sea, cuando la microbiota se desequilibra, el cerebro lo nota.
Y si además hay estrés continuo, la situación empeora.
Por eso, prevenir la disbiosis y reducir el estrés sostenido mejora la función cognitivo-emocional.
En pocas palabras: cuidar tu digestión también es cuidar tu claridad mental.
El cuerpo y la mente nunca están separados.
Así que, la próxima vez que quieras pensar mejor, empieza por el intestino.