Mario Alonso Puig tiene una idea que vale la pena guardar. Dice que cuanto mayor sea tu capacidad de amar, más feliz vas a ser. Y no habla solo del amor de pareja. Habla de esa disposición más amplia hacia los demás y hacia la propia vida.
Lo cierto es que muchos creemos que la felicidad llega cuando alcanzamos una meta o conseguimos algo que deseamos. Pero eso, dice él, es pasajero. Las circunstancias cambian todo el tiempo.
La verdadera felicidad es un estado interno de paz y serenidad. No depende de lo que pasa afuera.
Y acá viene algo que me gusta mucho. Compara las heridas emocionales con esas piezas de cerámica japonesas que se reparan con oro. Cuando aceptás tus fracturas y las elaborás, se transforman. Dejan de ser debilidad y se convierten en algo único.
Porque las piezas reparadas con oro son maravillosas. No hay dos iguales. Cada una se rompe de una manera diferente y sus hilos de oro las conectan de forma especial.
Aceptar lo imperfecto, dice, es parte del camino.
