Una científica española, Nazareth Castellanos, estudia cómo nos unimos entre las personas. Dice que no alcanza con estar cerca. Lo más importante es prestar atención de verdad.
Hizo pruebas midiendo el corazón de dos personas mientras se encontraban. Al principio, cada corazón iba a su ritmo. Después de un rato, empezaban a parecerse. Como si se acompañaran. Ella misma dice que hay algo que no se entiende del todo: a veces te sentís conectado con alguien y con otro no.
Lo mismo pasa entre mamá e hijo. Cuando hay contacto y calma, sus cuerpos se sincronizan. Si la mamá está nerviosa, eso se corta. Si respira más lento, el niño se calma. Entonces, no solo hablamos. También nos influimos con el cuerpo, sin darnos cuenta.
Nazareth recuerda que no vemos las cosas como son, sino como somos. Nuestra historia y lo que sentimos cambian lo que percibimos. Por eso, cómo escuchamos y cómo estamos presentes cambia lo que siente el otro.
Al final, el corazón, la respiración y hasta el cuerpo entero participan en esa unión. La atención es lo que más ayuda a que esa sintonía invisible aparezca.
