A mucha gente le pasa lo mismo. Estás charlando con alguien que acabás de conocer, en el trabajo o en el estudio, y a los pocos minutos ya no recordás cómo se llama. No significa que no te importe. Tampoco quiere decir que tengas mala memoria.
Los especialistas explican que el cerebro se queda con lo que más le llega. Se acuerda del tema de la charla, de lo que sintió la otra persona y de cómo se portó. En cambio, el nombre todavía no está unido a nada. Si te dicen que es médico o maestra, la cabeza arma una idea enseguida. Pero si te dicen que se llama Elena o Javier, por ahora es solo una palabra suelta.
Además, cuando hay cansancio, muchas tareas o demasiadas preocupaciones, la mente no alcanza para todo. Entonces deja de lado el nombre, porque en ese momento no le parece lo más importante. También puede pasar si estás nervioso y querés caer bien. En ese esfuerzo por hablar lindo, el nombre se escapa.
Así que, la próxima vez que te ocurra, no te culpes de entrada. A veces la cabeza elige guardar la charla y suelta el nombre.