Mel Robbins, experta en crecimiento personal, dice que cada rencor que guardás te cuesta energía, tiempo y alegría. Seguir enojado no lastima solo al otro: te consume a vos.
Perdonar no significa volver a juntarte con esa persona. Podés perdonar y, al mismo tiempo, cerrar la puerta. La disculpa se acepta, pero el acceso se niega.
El perdón no es un regalo para los demás. Es un cuidado para vos mismo. Soltar ese peso te permite dejar de estar atado al pasado y recuperar la paz interior.
Así elegís vivir con más ligereza y autenticidad. Cada vez que decidís perdonar, te das el mejor regalo: estar en paz contigo mismo.
