
El barigüí, conocido como mosquita negra o simulio (*Simulium chaquense*), es un insecto pequeño (2-5 mm) cuya hembra muerde la piel para alimentarse de sangre, causando dolor intenso, inflamación, picazón y posibles infecciones secundarias. A diferencia de mosquitos, no transmite enfermedades en Argentina.
Originario del norte del país (Salta, Chaco, Corrientes), se expandió al centro de la provincia de Buenos Aires hace unos 25 años, colonizando la cuenca del río Salado debido a inundaciones recurrentes, exceso hídrico y cambios climáticos que crearon hábitats ideales: aguas correntosas y oxigenadas para sus larvas.
Actualmente, en diciembre 2025, tras lluvias intensas y calor, la plaga resurgió con fuerza en municipios como Bragado, Junín, Chivilcoy, Alberti, Roque Pérez y General Belgrano, afectando actividades al aire libre, turismo y ganadería.
Para prevenirse: usar ropa clara de mangas largas, repelentes (aunque limitados), evitar zonas ribereñas al atardecer y no rascarse las mordeduras (limpiar con antiséptico y aplicar calamina).
El control oficial, coordinado por el CEPAVE y la Provincia, usa larvicidas biológicos como *Bacillus thuringiensis israelensis* (BTI), aplicado en ríos para eliminar larvas sin dañar el ecosistema. No se erradica, pero se reduce su población.
Esta plaga estacional ilustra impactos ambientales de inundaciones, sin riesgos sanitarios graves más allá de la molestia.