La frase “Todo lo que sucede, conviene” es una herramienta filosófica poderosa para enfrentar los problemas cotidianos marcados por estrés, inestabilidad y cambios. Aunque se atribuye comúnmente a William Shakespeare, sus raíces profundas están en el estoicismo de Séneca, Epicteto y Marco Aurelio, quienes enseñaban que no controlamos los eventos, pero sí nuestra interpretación de ellos. También resuena con ideas de la filosofía oriental sobre un camino mayor que se comprende con el tiempo.
Su esencia es simple y transformadora: toda experiencia, agradable o dolorosa, trae un aprendizaje o oportunidad de crecimiento. No se trata de optimismo ingenuo ni de negar las dificultades, sino de adoptar una actitud constructiva que reduce el estrés, evita la rumiación mental y enfoca la energía en lo que sí podemos cambiar.
La psicología moderna la incorpora en enfoques como la resiliencia, la psicología positiva y la aceptación activa, demostrando que reinterpretar los problemas como oportunidades fortalece la salud emocional y mejora la toma de decisiones.
En la práctica diaria, aplicarla significa ver un fracaso laboral como señal para explorar nuevos caminos, o el fin de una relación como apertura a vínculos más sanos o crecimiento personal. Así, los problemas dejan de ser enemigos y se convierten en maestros, aliviando la carga emocional y permitiendo aprender, adaptarse y crecer incluso en la adversidad. Quienes la integran aseguran que cambia profundamente la forma de ver el mundo.