A partir de los 50 el cuerpo cambia. Se pierde músculo y hueso con más facilidad, el organismo se recupera peor de cualquier falta de comida y el ánimo también se resiente. Por eso las dietas muy bajas en calorías o que eliminan grupos enteros de alimentos no son la solución.
Comer menos de lo necesario genera lo que se llama hambre oculta: faltan vitaminas, minerales y proteínas aunque el peso baje. Eso debilita la fuerza, aumenta el riesgo de problemas de huesos y puede afectar el sistema de defensas. Algunas dietas de moda, como las que sacan por completo las frutas y los cereales, quitan además los antioxidantes que ayudan a envejecer mejor.
El metabolismo no baja de golpe a los 50, pero la capacidad de recuperar músculo y hueso sí se reduce. Por eso es mejor priorizar una alimentación completa: frutas, verduras, cereales integrales, proteínas suficientes, grasas de buena calidad y lácteos. No hace falta seguir modas. Lo que sostiene la salud a esta edad es comer variado y bien, no restringir.