Los escalofríos sin fiebre no siempre anuncian un resfriado, una gripe o un virus. El cuerpo puede activar esa reacción para conservar calor aunque la temperatura esté dentro de lo habitual.
Pueden aparecer por frío, ropa mojada, ansiedad, estrés, deshidratación o cambios hormonales, como los de la menopausia. También por algunos medicamentos, una tiroides que funciona poco o una bajada de azúcar en sangre, sobre todo en personas con diabetes.
A veces son la primera señal de una infección que todavía no elevó la temperatura. El cuerpo tiritar, castañetear los dientes o ponerse de gallina es una respuesta involuntaria para generar calor.
Si el episodio es pasajero y no hay otros molestias, suele resolverse con abrigo, líquidos o descanso. Pero conviene consultar si los escalofríos se repiten o vienen acompañados de dolor en el pecho, dificultad para respirar, mareos, fatiga intensa, pérdida de peso o hinchazón sin explicación. Esas señales pueden indicar que hace falta una revisión para descartar algo más serio.