Durante décadas, el Merthiolate y la mercromina fueron el remedio de cabecera para curar raspones y heridas de niños en casi todo el mundo. Ese líquido color rojo vivo, que ardía al aplicarlo, se usaba en casas y escuelas porque era barato, fácil de conseguir y se creía muy efectivo para evitar infecciones.
Se inventó a principios del siglo XX, mucho antes de los antibióticos modernos. Contenía mercurio en su fórmula, aunque no en la forma más peligrosa. Con el tiempo, los especialistas empezaron a dudar de su real utilidad y de los riesgos de ese metal, tanto para las personas como para el medio ambiente.
En 1998 se prohibió en Estados Unidos y luego en otros países. Hoy los expertos coinciden en que, para heridas leves, alcanza con lavar bien con agua y jabón. Las versiones actuales que llevan el mismo nombre ya no tienen mercurio y son más suaves.