La primavera astronómica no sabe de calendarios fijos. Empieza en un instante exacto: el equinoccio de septiembre. "Equinoccio" viene del latín y significa "noche igual".
¿Qué pasa en ese preciso segundo? El Sol se ubica exactamente sobre el ecuador de la Tierra. Esto hace que en todo el planeta el día y la noche duren prácticamente lo mismo: doce horas de luz y doce horas de oscuridad.
A partir de ese momento, en nuestro hemisferio, los días se van volviendo cada vez más largos y las noches más cortas, porque la Tierra empieza a inclinarse apuntando hacia el Sol.
Así que ya sabés: la primavera no es una fecha en el almanaque, ¡es nuestro planeta balanceándose en el espacio!