Dentro de nuestro ADN hay restos de virus muy antiguos. La mayoría ya no puede hacer daño. Perdieron la pieza que les permite salir de una célula e infectar otra.
Pero no todos quedaron quietos. Algunos todavía guardan esa pieza. Y, en ciertos momentos, pueden salir y llegar a células cercanas.
La ciencia mira ahora qué pasa con la edad. Cuando el cuerpo envejece, los frenos que los mantienen apagados se aflojan. Entonces algunos de esos restos se encienden y pueden sumar inflamación.
Sara R. Heras lo explica así. Las células muy gastadas podrían pasar el envejecimiento a las de al lado, como si soltaran partículas de virus.
Por eso se estudia si bajar esa actividad ayudaría en el envejecimiento y en algunas enfermedades. El alzhéimer también entra en esa sospecha.
Aun así, no es la causa única. Es un factor más, dentro de un proceso mucho más grande.