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Hay quienes dicen que sí les sirvió, perdieron kilos y se sienten con más energía. Otros prueban y no ven cambios en la balanza. Pero estas son historias personales, no pruebas científicas firmes.
Una revisión seria de Cochrane (un grupo independiente que analiza estudios de calidad alta) revisó 22 experimentos con casi 2.000 adultos con sobrepeso u obesidad. La conclusión es clara: el ayuno intermitente da poca o ninguna diferencia en la pérdida de peso comparado con seguir consejos normales de alimentación (como comer menos calorías y elegir comidas más sanas).
Contra no hacer nada, quizás ayude un poquito (alrededor del 3% del peso), pero no mucho más. No se vio mejora clara en la calidad de vida ni en otros problemas de salud. Los estudios duraron hasta 12 meses como máximo, así que no sabemos qué pasa a largo plazo.
Un especialista argentino que lideró esta revisión, dice: “El ayuno intermitente simplemente no parece funcionar para adultos con sobrepeso u obesidad que quieren adelgazar”. Hay mucho entusiasmo en redes sociales, pero la evidencia real no lo respalda tanto.
